El pasado mes de diciembre concluyó la etapa de Manuel Pulido al frente del IIAMA, poniendo fin a doce años vinculados al equipo directivo del instituto: cuatro como subdirector y, desde 2018, como director. Un periodo marcado por el impulso y el crecimiento del centro, así como por una clara apuesta por la investigación aplicada, la colaboración multidisciplinar y la conexión con los grandes retos sociales vinculados al agua, medio ambiente y cambio climático.
En esta entrevista, el Catedrático de Ingeniería Hidráulica hace balance de estos doce años, repasa la evolución del instituto y reflexiona sobre los desafíos y oportunidades que marcarán el futuro de la investigación.
– Tras ocho años al frente del IIAMA, ¿cómo valoras esta etapa como director, tanto en el plano personal como en el profesional?
La verdad es que ha sido un largo periplo, que comenzó con cuatro años como subdirector, seguidos de ocho como director. Dentro de esos ocho años, además, durante cuatro ejercí como coordinador de los directores de los institutos universitarios de la UPV, lo que me permitió actuar como representante de los institutos y, en buena medida, de la investigación, tanto en distintas comisiones como en el Consejo de Gobierno de la universidad. Asimismo, durante una etapa formé parte del Consejo Social como representante del PDI de la UPV.
Todo ello me ha brindado una visión muy amplia del funcionamiento de la universidad, de sus distintos servicios y de los procesos de toma de decisiones. Esta experiencia me ha permitido conocer mejor la gestión universitaria y trabajar en la mejora de la situación del instituto, tanto en su proyección interna dentro de la UPV como en su proyección externa.
“Uno de los aspectos en los que más hemos trabajado ha sido reforzar el prestigio y la relevancia del instituto a nivel nacional e incluso internacional”
En este sentido, uno de los aspectos en los que más hemos trabajado ha sido reforzar el prestigio y la relevancia del instituto a nivel nacional e incluso internacional. Para ello, hemos impulsado convocatorias muy competitivas, como la María de Maeztu, y hemos liderado una propuesta para la creación de una KIC del agua a nivel europeo, con la participación de más de 50 socios. Aunque, lamentablemente, ninguna de estas iniciativas ha llegado a materializarse, la experiencia adquirida y la capacidad de liderazgo demostrada han supuesto un beneficio claro para el instituto a corto y medio plazo.
En definitiva, creo que hemos emprendido acciones importantes para el instituto y, en ese sentido, me voy muy satisfecho. Hemos progresado notablemente durante estos años, tanto a nivel nacional e internacional como dentro de la propia UPV.
– ¿Cuáles consideras que han sido los tres principales logros del instituto durante estos años de dirección?
Una de las principales transformaciones logradas en estos ocho años de trabajo ha sido avanzar hacia un IIAMA más integrado, dejando atrás una estructura basada en grupos de investigación que trabajaban de forma aislada. Cada vez es más habitual el desarrollo de proyectos multidisciplinares entre distintos grupos del instituto, en línea con lo que exigen tanto las convocatorias europeas como muchas convocatorias privadas.
“La incorporación de un investigador del prestigio de Luis Guanter y de su grupo de investigación ha supuesto un refuerzo clave de la dimensión medioambiental del instituto”
En este contexto, se han impulsado proyectos como SAPIDES o el desarrollo de Living Labs, en los que numerosos grupos del instituto han participado de forma coordinada, reforzando la colaboración interna y generando importantes sinergias en la investigación.
Asimismo, la incorporación de un investigador del prestigio de Luis Guanter y de su grupo de investigación ha supuesto un refuerzo clave de la dimensión medioambiental del instituto, ampliando su enfoque más allá del ámbito estrictamente vinculado al agua e incorporando nuevas líneas y perspectivas que han enriquecido notablemente su actividad científica.
Además, se ha intensificado la colaboración público-privada. En los últimos años, tanto el instituto como las empresas han adquirido una mayor conciencia del valor de la colaboración público-privada, especialmente en un sector como el del agua, donde este tipo de alianzas resulta clave para la transferencia de conocimiento.
“Nuestra investigación no es meramente teórica, sino claramente aplicada, orientada a responder a problemas y retos reales”
El instituto se sitúa así en un auténtico triángulo del conocimiento, trabajando de forma muy estrecha con las empresas y el sector público.
Nuestra investigación no es meramente teórica, sino claramente aplicada, orientada a responder a problemas y retos reales. Además, en el ámbito del agua, estos desafíos forman parte de nuestro entorno inmediato: no es necesario buscar casos de estudio lejanos, como ocurre en otros contextos europeos, porque los problemas están aquí y los estamos abordando de manera directa.
– Echando la vista atrás, ¿qué proyectos, líneas de trabajo o retos te hubiera gustado dejar plenamente consolidados al cierre de esta etapa?
Me hubiera gustado obtener la acreditación como Centro de Excelencia “María de Maetzu”, lo cual habría dado un impulso importante al instituto. Aunque todavía no se ha logrado su concesión —en una convocatoria especialmente exigente y competitiva—, el proceso ha tenido un impacto muy positivo.
La elaboración de una propuesta de este nivel ha implicado definir un plan estratégico sólido, crear equipos de trabajo, establecer líneas prioritarias y articular una visión común de centro. De hecho, estuvimos muy cerca de obtener la acreditación, lo que se tradujo, entre otros resultados, en la concesión de cinco contratos predoctorales.
“Más que una asignatura pendiente, la acreditación como Centro de Excelencia “María de Maetzu” puede considerarse un trabajo en marcha, y confío en que pueda lograrse en el futuro”
Este esfuerzo ha permitido reforzar la conciencia colectiva sobre el enorme potencial del IIAMA y consolidar su posición como centro líder, no solo por la excelencia de sus investigadores individuales, sino también por la coherencia y solidez del proyecto conjunto.
En este sentido, más que una asignatura pendiente, la acreditación como Centro de Excelencia “María de Maetzu” puede considerarse un trabajo en marcha, y confío en que pueda lograrse en el futuro.
– Durante tu etapa como director, el IIAMA ha tenido que responder a dos situaciones de emergencia como la pandemia y la DANA. ¿Qué lecciones crees que hemos aprendido de estos episodios?
En este marco de trabajo, uno de los momentos más complejos fue la pandemia de COVID-19. Coincidió, además, con mi reciente incorporación como coordinador de institutos, lo que implicó asumir la representación de dichos institutos ante el equipo de gobierno de la universidad en un contexto especialmente delicado. El objetivo siempre fue compatibilizar las restricciones necesarias con una recuperación progresiva y segura de la actividad investigadora, evitando, en la medida de lo posible, la paralización de los proyectos en curso.
“El episodio de la DANA puso de manifiesto, de nuevo, la estrecha relación entre la actividad del instituto y los grandes retos sociales”
A nivel interno, la gestión también fue exigente. Había laboratorios activos, proyectos en marcha y personal por coordinar. La universidad reaccionó con rapidez —la docencia se retomó prácticamente de inmediato tras el confinamiento—, pero, como instituto, fue necesaria una coordinación intensa y constante para adaptarse a una situación inédita. Fue, sin duda, una etapa muy exigente que todos recordamos como especialmente intensa.
Más recientemente, el episodio de la DANA puso de manifiesto, de nuevo, la estrecha relación entre la actividad del instituto y los grandes retos sociales. Se trata de un fenómeno directamente vinculado a nuestras líneas de investigación, y casos como la rambla del Poyo han sido, durante años, objeto de estudio en trabajos sobre riesgos de inundación, evaluación de impactos y medidas de mitigación.
Este episodio evidenció, por un lado, la elevada preparación del personal investigador del instituto, que rápidamente se convirtió en un referente tanto a nivel informativo como mediático.
Por otro lado, reforzó el compromiso del IIAMA con la sociedad: desde el primer momento, muchos investigadores y equipos trabajaron para aportar conocimiento riguroso, análisis objetivos y propuestas de solución desde sus respectivas áreas de especialización. El instituto asumió así un papel relevante —que sigue desempeñando— en el análisis de las causas del problema y, sobre todo, en la búsqueda de soluciones que contribuyan a evitar que situaciones similares se repitan en el futuro.
– En un escenario de transformación constante, ¿hacia dónde crees que se dirige el sistema científico?
Para mí, la investigación y la docencia van estrechamente de la mano. Una docencia de calidad exige estar al día y la investigación es precisamente lo que permite mantenerse actualizado y trasladar ese conocimiento al aula de forma mucho más sólida. Al mismo tiempo, la docencia también alimenta la investigación: una parte muy significativa del personal investigador que hoy trabaja con nosotros se ha formado aquí previamente, como estudiantes, mediante becas o programas de formación.
“Con relación a la irrupción de la inteligencia artificial en el campo de la investigación, llegar más rápido no siempre significa llegar más lejos: debemos avanzar con rigor y profundidad”
En cuanto a cómo está cambiando la investigación, uno de los factores más determinantes es la irrupción de la inteligencia artificial. Estas herramientas nos permiten avanzar con mayor rapidez en tareas como la revisión del estado del arte o el análisis de problemas complejos, facilitando el acceso y el tratamiento de grandes volúmenes de información.
No obstante, llegar más rápido no siempre significa llegar más lejos. Nuestro objetivo sigue siendo avanzar con rigor y profundidad. La inteligencia artificial representa una gran oportunidad, pero también plantea riesgos si no se utiliza adecuadamente. Por ello, es fundamental hacer un uso responsable de estas herramientas, aprovechando todo su potencial sin perder de vista la calidad y la solidez del trabajo científico.
“El sector del agua es un factor clave tanto para comprender los impactos del cambio climático como para diseñar estrategias de adaptación”
– ¿Y en el sector del agua?
En el ámbito de la investigación, actualmente estoy coordinando una propuesta de proyecto europeo centrada en la actualización del informe europeo sobre riesgos climáticos, conocido como EUCRA. Nuestra propuesta sitúa al agua como el elemento central, directamente afectado por el cambio climático, del que se derivan múltiples riesgos para otros sectores, como la energía, la producción de alimentos o los ecosistemas.
Este trabajo pone de manifiesto que el agua es un factor clave tanto para comprender los impactos del cambio climático como para diseñar estrategias de adaptación. Los episodios de fenómenos extremos se están intensificando y las pérdidas asociadas a ellos son cada vez mayores, lo que exige soluciones en las que el sector del agua desempeña un papel fundamental.
Todo ello apunta a que el peso del agua en la investigación sobre riesgos climáticos, mitigación y adaptación seguirá creciendo en los próximos años. Esto abre importantes oportunidades para el instituto, que se encuentra en una posición muy sólida para contribuir de manera decisiva a estos estudios y a la búsqueda de soluciones ante los grandes retos climáticos del futuro.

